Domingo 28 de abril. Leo titulares de ayer: “Nadal se crece para vencer a De Miñaur en Madrid”, “un enorme Nadal entierra fantasmas” o “Rafael Nadal rejuvenece” relativos a su actuación en Madrid en la Caja Mágica del 2024. ¡Más de 23 años en el circuito profesional adaptándose a desafíos de todo tipo! Conocido por su determinación, actitud humilde y valores, poco que añadir que no se sepa de un gigante como él. Sus resultados deportivos hablan por sí solos, 22 títulos Grand Slam, más de 90 de la ATP, dos oros olímpicos y varias Copas Davis, entre otros.
Ni se nos pasa por la cabeza que alguien que quiera aspirar a la excelencia profesional en el tenis de manera continuada no disponga de un entrenador —coach— para ir a por ella. Dos figuras destacan. Toni Nadal contribuyó, además del desarrollo técnico de un Nadal niño hasta el 2017, a forjar una mentalidad sólida donde las haya propia de un campeón. Carlos Moyá tomó el relevo ayudándole en una etapa más madura a mantener un altísimo nivel competitivo.
Nadie duda del talento de Nadal para el deporte. Nadie duda de que es él el que golpea a la bola. Nadie piensa que sea menos por contar con entrenadores. ¡Más al contrario, precisamente porque quiere aspirar a la excelencia se rodea de gente que le hace mejor profesional y persona! Líder, ¿y si tú quieres aspirar a la excelencia en términos de liderazgo? ¿Buscas entrenadores?
En algunos foros el coaching puede ser percibido como debilidad, como algo que implementar cuando hay un problema que solucionar. Aquí viene mi primer corolario: si se va a apoyar a un directivo a resolver algo es que esa persona tendrá un montón de cosas con las que ya está contribuyendo. De hecho, no es algo nuevo. Dejarse asesorar es signo de sabiduría y algo tan antiguo como el ser humano. Platón con Dionisio II, Aristóteles con Alejandro Magno o Junio Rústico con Marco Aurelio por mencionar algunos ejemplos. No es una moda pasajera.
En el desempeño de este oficio, observo algunos desafíos:
- El primero es el salto a la profesionalización. Una cosa es aportar tus propios comentarios a un partido de fútbol y otra muy distinta, profesionalizar ese rol. Por eso se ficha a los mejores entrenadores. Este tema no es nada obvio, cuando se habla de intangibles como el liderazgo, se corre el riesgo de perder la solidez. No se trata de tener un certificado o un título, se trata de aportar valor. Es un oficio de artesanos en el me atrevo a decir que durante los primeros diez años casi no te has enterado. Volviendo a Nadal, mucho te tienes que preparar para aportarle valor al genio. Por eso, si uno aspira a ser maestro es eterno alumno.
- El segundo es aterrizar en cosas concretas ese aporte de valor: “poder tocar los avances”. Las ventas de entrada pueden ser múltiples.
o Desde el negocio: cómo enfocar tu negocio de manera estratégica, lanzar/mantener un equipo de alto rendimiento, sincronizar una red interna y externa colaborativa, implementar con eficacia los procesos oportunos o seguir un dash-board que refleje lo que de verdad mueve la aguja.
o O las interacciones: cómo anticipar ciertas conversaciones, alinear a personas clave de otras áreas, resolver conflictos enquistados, inyectar energía en momentos críticos, comunicar con impacto, dar un feedback que diga las verdades y movilice para bien, tomar decisiones con pocos datos, etc.
o Y, por qué no, la dimensión más profunda e íntima del ser humano. Acompañar al redescubrimiento como persona del directivo: quién soy realmente, qué me mueve, qué le da sentido a tu quehacer. Recientemente el CEO de una compañía global de cifras millonarias ha anunciado que deja el puesto por discrepancias estratégicas con la propiedad, ¿no es esa decisión todo un ejercicio de honestidad? Un directivo que se precie aspira a estar en paz con él mismo.
Sabiendo que todo lleva su proceso, conviene que haya cambios que sean visibles mas pronto que tarde: que tus reuniones sean más ligeras, vivas y productivas; que seas más consciente del impacto que provocas en tu gente; llevar tu convención de directivos al próximo nivel; ser ejemplo genuino de esos valores que honráis; abordar de manera constructiva el “elefante que está debajo de la mesa”; desbloquear una decisión pendiente; no ser el primero en hablar en las reuniones; que haya más preguntas y menos asunciones; dedicar de una vez por todas tiempo de calidad a los tuyos; crear un estado interno poderoso fortaleciendo tu mente, tu cuerpo y tu espíritu; que se note que algo ha cambiado en el directivo aunque no se sepa el qué, etc.
En algunos foros el coaching puede ser percibido como debilidad, como algo que implementar cuando hay un problema que solucionar. Aquí viene mi primer corolario: si se va a apoyar a un directivo a resolver algo es que esa persona tendrá un montón de cosas con las que ya está contribuyendo. De hecho, no es algo nuevo. Dejarse asesorar es signo de sabiduría y algo tan antiguo como el ser humano. Platón con Dionisio II, Aristóteles con Alejandro Magno o Junio Rústico con Marco Aurelio por mencionar algunos ejemplos. No es una moda pasajera.
En el desempeño de este oficio, observo algunos desafíos:
- El primero es el salto a la profesionalización. Una cosa es aportar tus propios comentarios a un partido de fútbol y otra muy distinta, profesionalizar ese rol. Por eso se ficha a los mejores entrenadores. Este tema no es nada obvio, cuando se habla de intangibles como el liderazgo, se corre el riesgo de perder la solidez. No se trata de tener un certificado o un título, se trata de aportar valor. Es un oficio de artesanos en el me atrevo a decir que durante los primeros diez años casi no te has enterado. Volviendo a Nadal, mucho te tienes que preparar para aportarle valor al genio. Por eso, si uno aspira a ser maestro es eterno alumno.
- El tercero es el tema de la responsabilidad, Nadal y solo Nadal le da a la bola. De la misma manera que nos chocaría ver a Carlos Moyá saltar al terreno de juego y dar una pelota que le corresponde a Rafa, hay cuestiones indelegables que le competen al directivo. Decía de Mello: ¿te gustaría que alguien masticara la fruta antes de dártela? A cada uno lo suyo. El coach ayuda a profundizar, a ver el impacto del hacer y no hacer, a calibrar lo clave de un estado interno fuerte, a comprender tantas y tantas cosas para, desde ahí, dejar que sea el coachee, el directivo, el que decida qué hacer y qué no siendo muy consciente de las implicaciones de sus decisiones. En mi perspectiva el asesoramiento nunca es neutro, emerger una reflexión u otra tiene un impacto. ¿Dónde radica el arte? En ser exquisito en tu ética de tal manera que lo que subyazca siempre sea la intención genuina de buscar el bien del otro, más allá de cualquier otro interés.
Este punto no es nada obvio. Consciente e inconscientemente el coachee puede buscar en el coach alguien que tome las decisiones por él, para luego recriminárselo. O lo contrario, alguien que valide algo que no está dispuesto a cambiar. En ambos casos resulta fundamental que el coach sepa cuál es su sitio en el sistema, no pronunciarse sobre algo en la primera de las situaciones o desafiar al coachee a riesgo de “no ser querido” en la segunda, para desde ahí, seguir aportando valor.
Líder, invertir en ti es signo de fortaleza. Iría más lejos, el coaching bien entendido es una herramienta, diría que imprescindible, para aspirar a tu excelencia. Por cierto, hoy es miércoles 1 de mayo. Ayer Nadal fue eliminado del Masters. Sigue siendo igual de grande.

